TESTIMONIO DE CONCHA IRIARTE

CONCHA IRIARTE Todos estos años de «Tardes de Oración» con las hermanas de Olza se han pasado como un suspiro.

Parece mentira que algo tan agradable, liviano y llevadero deje tanta huella en la vida.

Las hermanas preparan estas tardes de oración con un objetivo claro, darnos VIDA, acercarnos a la FUENTE para hacernos la vida más llevadera.

Se nota todo el amor que ponen al seleccionar los textos de las enseñanzas trasmitidas por santa Teresa, san Juan de la Cruz, el Evangelio y los Salmos, en cómo articulan cada oración, canción o símbolo, buscando tocar nuestro corazón con el amor de Dios.

También hay mucho amor en sus abrazos, sus sonrisas, en los espacios que preparan para que nos sintamos cómodos, no solo nosotros sino también nuestros hijos.

Esto último ha sido muy importante porque, con niños pequeños, era difícil poder escaparse a retiros. Ellas nos abrieron, generosamente, a un grupo de amigos la parte de la casa preparada para visitas y, haciendo turnos de cuidado, podemos ir disfrutando de estas tardes de oración. Ahora ya son mayores, se cuidan solos y en plena adolescencia quieren ir a Olza.

Las hermanas han hecho que nos sintamos como en nuestra propia casa. Para mí, estas tardes son un regalazo que me hace el Señor a través de ellas, una mediación clarísima, un empujón a mi vida de fe.

La casa de las hermanas carmelitas del Olza se ha convertido en un hogar donde humana y espiritualmente hay mucha VIDA, donde apetece ir, donde te regeneras.

TESTIMONIO DE JAVIER

JAVIER Me llamo Javier, estoy casado y soy padre de dos hijos.

Considero que tengo una vida normal, con mi trabajo, mis relaciones sociales… Con muchos momentos felices y también, con momentos de dificultad, de problemas y de desiertos.

Todos esos momentos los intento vivir con Dios, mi Señor Jesús, que me llamó hace ya muchos años para que fuera de los suyos, y a quien intento seguir de la manera más honesta posible, y con todo mi amor.

Para mí las tardes de oración son momentos para poder estar a solas con este Jesús, a quien amo profundamente. Voy, sediento, a beber de su fuente de amor, la fuente que llena mi vida de su vida.

Le pido que me deje estar junto a él, cerca, muy cerca, aunque no me lo merezca. Puedo llorar, junto a él, las tristezas de mi corazón, y sentir que me acoge y me consuela. Festejo con él tantos gozos y alegrías de la vida que él me regala con abundancia.

Escucho a santa Teresa de Jesús y a san Juan de la Cruz, y experimento que sus vivencias son las que yo quiero vivir, y que son las que Dios me quiere dar, las que nos quiere dar a todos, sin excepción.

Son momentos para sentirme familia y sentirme Iglesia con las hermanas Carmelitas Descalzas, mis queridas hermanas, y con todas las personas que allí nos reunimos para adorar a nuestro Dios.